lunes, 21 de septiembre de 2009

LAS CONNOTACIONES ÉTICAS DE LA EVALUACIÓN


Toda evaluación del aprendizaje implica un juicio de valor sobre otra persona de la cual sólo se conocen unas manifestaciones observables. Pero es importante que todos los maestros y maestras tengan siempre presente que detrás de esta acción, así como de todo el proceso pedagógico, subyace una enorme responsabilidad ética.
Esto significa que la evaluación tiene implicaciones sobre la vida de niños, niñas y jóvenes que están en proceso de formación y que, en muchos casos, son muy susceptibles a los juicios ajenos. Por eso es tan importante hacer énfasis en el aspecto formativo de la evaluación. Cuando a un niño pequeño que muestra dificultades para el desarrollo de competencias básicas como la lectura y la escritura se le evalúa de manera simple como “incompetente” se le puede hacer un daño enorme, pues ese tipo de evaluación deteriora su autoimagen y le refuerza una sensación de fracaso que ahonda sus dificultades. Muchos maestros no son conscientes de esto, que constituye un daño muy difícil de reparar, sobre todo cuando la propia familia siente que el problema del niño se resuelve reprendiéndolo, muchas veces de manera violenta. El fracaso escolar, especialmente en los primeros años, suele estar más asociado con problemas de la enseñanza que con problemas de aprendizaje de los niños.
La evaluación pedagógica (formativa) no debe estar revestida de connotaciones de amenaza o castigo. Por el contrario, debe tener muchos elementos de estímulo, de reforzamiento de los progresos de los niños y de estrategias orientadas a superar las dificultades. Más que un problema técnico, lo que subyace en las connotaciones de la evaluación son criterios éticos. Por esto la evaluación no debe ser utilizada como una herramienta de poder que ponga al estudiante en situación de indefensión con respecto al maestro. Con frecuencia los maestros recurren a la evaluación para mantener la disciplina, para infundir temor o para discriminar a sus estudiantes.
Otro elemento que debe tenerse en cuenta es que la evaluación siempre privilegia unos saberes y unos temas particulares sobre otros. Desde luego, toda la educación formal lo hace a través de los planes de estudio, y ello es comprensible porque no sería posible dar cabida a todo el conocimiento universal en el ámbito restringido de la escuela. Pero el hecho de que esto deba ser así no riñe con una apertura que dé lugar a que se exprese la diversidad y se puedan valorar conocimientos, expectativas e inclinaciones de los estudiantes.
En un país tan diverso como Colombia, es necesario reconocer y valorar muchos aprendizajes que niños, niñas y jóvenes han adquirido en ambientes distintos a la escuela. Los niños de la inmensa región de la amazonía y la orinoquía tienen conocimientos y destrezas muy importantes para su supervivencia y la de sus comunidades: saben desplazarse por ríos y selvas, saben pescar, conocen muchas cosas sobre plantas y animales de su región, saben historias y tradiciones… Pero muchas veces estos conocimientos no son valorados de la misma manera que la matemática, el español o el manejo formal de las disciplinas convencionales. Tiene que haber una valoración de muchas de estas capacidades y aprendizajes, de tal manera que sirvan como punto de partida para avanzar en otros aprendizajes. Otro tanto puede decirse de niños y niñas que en sus comunidades urbanas han desarrollado aprendizajes específicos en torno a las actividades de sus familias o a sus propias experiencias de vida.
Los niños y niñas de los centros urbanos tienen una gran influencia de los medios de comunicación y eso les permite saber sobre muchas cosas que usualmente no se tienen en cuenta en el medio escolar, de tal manera que lo que saben no tiene valor y lo que tienen que aprender no les interesa. La evaluación es un medio muy interesante para indagar qué saben los chicos sobre muchos temas y establecer puentes de aprendizaje con lo que tienen que aprender.
En este sentido, la evaluación tiene connotaciones éticas en tanto que da valor al mundo individual, a las expectativas de los alumnos, al desarrollo de la libertad de aprender y, en últimas, al libre desarrollo del conocimiento. Aparte de esto contribuye a cultivar en los estudiantes el respeto por la diversidad y el reconocimiento de múltiples aspectos de la vida, representados en los intereses y habilidades distintos de todos ellos.
Tomado de:Diálogo nacional sobre la evaluación del aprendizaje en el aula 2008 año de la Evaluación en Colombia

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